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El mundo pandémico actual nos ha raptado muchas cosas y no paramos de escuchar día tras día desde hace un año que “nada va ser igual”. A mi me entristece eso. El pasado tenía de todo como cualquier situación, cosas muy buenas, regulares y también malas. Claro que se podía mejorar, pero tampoco hacía falta que nos sacudiese tan violentamente el ritmo de la vida. 

Uno de los lugares que ha cambiado muchísimo es el aeropuerto. Antes era ese sitio con numerosas llegadas y salidas, donde se mezclaban nacionalidades diversas y donde escuchabas a diario ‘hola’ y ‘adiós’ en idiomas distintos. La gente sentía mucho y lo mostraba – nervios antes de una nueva aventura, lagrimas por la partida de un ser querido, risas con los que compartes el viaje, alegría al reencontrarse con amores a distancia, abrazos repartidos a diestro y siniestro. Antes, el aeropuerto tenía vida y eso era muy bueno.

Si queréis volver primero al pasado, las historias de aeropuertos pre pandemia os van llevar. 


Primer vuelo desde que empezó la pandemia 

Escribí las siguientes líneas en Septiembre de 2020, siete meses después del último vuelo tomado y del comienzo de la pandemia en Europa. 

“Son las 8 de la mañana. Salgo de casa tirando de la maleta en busca del autobús que me llevara al aeropuerto. Reviso mentalmente si no me he dejado nada. Todo bien, estoy preparada. Llegó al cabo de media hora, me bajo y entro en la terminal. Silencio, pocos vuelos, ya no ves a gente que se despide, que ríe, que se abraza. Voy al mostrador, dejo mi maleta de mano y cojo la tarjeta de embarque con destino Lanzarote. Mi primer vuelo después de 7 meses. ¡Qué ilusión!

Me paseo por el aeropuerto observando todo: los mostradores, las puertas, las tiendas, los aviones, la gente. A pesar de todo, estoy feliz de estar de nuevo aquí. Me siento en casa, como siempre. Esto es solo el inicio de una nueva etapa de viajes!”

Después de mi mini surfcamp en Lanzarote, tenía el plan de volver a irme a las islas Canarias en noviembre, esta vez unos cuantos días más para poder surfear y a la vez explorar la isla de Fuerteventura. Al trabajar en aviación/turismo, cuando se relajo todo en verano, nosotros estuvimos en plena temporada y trabajando a tope, así que tomarse unas vacaciones quedaba descartado en ese momento. Noviembre era mi mes de siempre y una opción genial, pero las restricciones de movilidad entre comunidades autónomas impuestas en España a finales de octubre, me acabaron de rematar las ansiadas vacaciones del año. 

Si quieres saber más sobre cómo se vivió el año pandémico en España, aquí

Vuelos inesperados al acabar el año 

No pensaba que en lo que quedaba de año, iba a tener que viajar de nuevo, pero la vida da mil vueltas y a veces te pone delante de situaciones totalmente inesperadas. Justo el primer día de trabajo después de una semanas de ERTE total, era un viernes, me entere que mi padre falleció y que el funeral iba ser el día siguiente, muy rápido si, culpar al COVID y sus normas. 

Sobra decir que ni siquiera acabe el turno, me fui directa a casa a recomponerme y ver si podía viajar para allá cuanto antes. Al haber tantas restricciones a nivel europeo, las opciones de vuelos desde España a Rumania eran muy escasas. Había solo dos vuelos directos a la semana, el siguiente era dentro de dos días y carísimo. Los vuelos con escalas eran una locura, literalmente hacias el tour de Europa, con escalas de muchas horas y algunas nocturnas, por no decir que algunos países pedían test PCR hasta para el tránsito. Sonaba mal, muy mal, y después de un par de horas buscando acabé agotada. Era imposible estar allí el día siguiente. 

A la tarde hablé de nuevo con mi hermano y una luz apareció al final del túnel: se retrasaba unos días el funeral debido a unas formalidades extras que había que hacer. Bien, ahora si que me daba tiempo de llegar. El vuelo que había encontrado salía el domingo, era con escala de aproximadamente tres horas y tenía un precio más que decente, así que lo compre cuanto antes. 

Dicen que incluso de la adversidad se puede sacar algo bueno y eso fue lo que hice. No entraba en mis planes viajar, pero ya que viajaba, decidí disfrutarlo. No había volado nunca con Turkish Airlines, así que me daba mucha curiosidad. Había escuchado cosas buenas sobre la calidad de su servicio a bordo y la comida, y efectivamente así fue. La comida no era tan abundante ni caliente como antes, pero lograron servir una opción fría muy deliciosa. Me gusto mucho y claramente repetiría, a poder ser en un vuelo de larga distancia. 

Lo mejor de todo, tuve tiempo de explorar el nuevo aeropuerto de Estambul, inaugurado en 2018, con una capacidad de 150 millones de pasajeros, ampliables hasta 200 millones. Istanbul Havalimani por su nombre turco es un aeropuerto impresionante, es espacioso, con mucha luz natural en ciertas zonas de la terminal, con vistas preciosas hacia las pasarelas de embarque y la zona de pista, literalmente se ve que es nuevo aun. Me gustó un montón la zona similar a un gran bazar turco, donde encuentras dulces, especias, joyas y más mercancía típica, así que a la vuelta me paré un rato a comprar cositas. También tenía vida, no como antes de la pandemia, pero muchísimo más que otros aeropuertos en esta época. Se sentía la multiculturalidad en el aire y se veía el bullicio de la gente por todas partes. 

Primeros vuelos en 2021 

Otros vuelos totalmente inesperados, ya que el comienzo del año nos pilló todavía con muchas restricciones de movilidad y en la vida diaria. El mes de enero fue bastante difícil para mi y creo que para bastante gente aquí en España. Había llegado al límite de la paciencia y de la tolerancia en lo referente al COVID, mi situación personal tampoco era la mejor. Lo veia todo negro, habia perdido la ilusion por hacer cosas, se hacia cada vez mas dificil despertarme por la mañana y pensar que todo va mejorar. Las únicas ganas que tenía eran de meterme debajo de la sabana y no salir de allí, de dormir hasta que esto se acabe. 

Me di cuenta que necesitaba urgentemente un cambio de panorama. No eran las mejores condiciones para viajar a Rumania con la cuarentena de 14 días exigida al llegar de España, pero valía la pena. Además, en febrero podia teletrabajar. Tanto el cuerpo como la mente me pedían recibir amor de mi familia y de mis amigos de allí, un intercambio de energías positivas y tiempo de calidad con mi mama. Necesitaba reencontrarme a mi misma, reencontrar la ilusión por escribir y compartir textos, reencontrar la alegría en las pequeñas cosas. 

Compre un vuelo Barcelona-Bucarest sin saber cuanto tiempo me iba a llevar esto. Me fui despidiéndome de un aeropuerto El Prat igual de vacío que los meses anteriores, con una lista de vuelos diarios tan corta que daba pena, tiendas parcialmente cerradas, restaurantes con señales de decadencia y un número ínfimo de pasajeros. No me acuerdo de gran cosa sobre el vuelo, era de noche, solo se que sali con 20 grados de temperatura y llegue a -1 con nieve. Otopeni me recibió un poco más vivo a medianoche, ya que llegaron varios vuelos a la vez de zonas consideradas amarillas y tuvimos que esperar amontonados nuestro turno para el control sanitario obligatorio. 

A la vuelta, encontré los dos aeropuertos igual de tristes, solo que yo me notaba muy diferente. Había conseguido mis propósitos de echar de menos Barcelona, mi presente hogar, mejorar mis ánimos, tener ganas de escribir y de hacer un mogollón de cosas nuevas. ¡Éxito rotundo!


Referente a las normas nuevas de viaje, quiero decir que la mayoría de aerolíneas y de aeropuertos han hecho un enorme trabajo para poder adaptarse a la presente realidad. Hay protocolos de higiene y seguridad, como desinfectante de manos, limpieza más a menudo y con productos más potentes, distanciamiento social, uso masivo de app móviles y herramientas online para evitar el contacto, mascarillas obligatorias. Muchas aerolíneas han cancelado el servicio a bordo o lo han reducido. Ojo, el avión es uno de los medios más seguros debido a la existencia de los HEPA, unos filtros que purifican el aire en proporción a 99,97%, por lo tanto da igual si no se dejan asientos libres entre pasajeros. Si se puede, se hace, sino podéis estar seguros que nadie ha cogido el virus dentro del avión. 

¿Os gusta como está ahora? ¿No queréis que vuelva a ser como antes?


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