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En el anterior artículo, he contado un poco los inicios de mis viajes nacionales e internacionales y sobre la influencia que han tenido los miembros de mi familia en ello. También, os conté que con solo 18 años había organizado mi primer viaje al extranjero – un mes sola en una escuela de idiomas en Barcelona.  

Hoy hablamos sobre esa experiencia…porque esa experiencia cambió mi visión sobre la vida, las oportunidades existentes, de mí misma y de lo que quiero hacer en el futuro. 

La idea de estudiar otro idioma en el extranjero vino de una amiga mía a principios de nuestro undécimo curso (el primero de Bachillerato en España) y durante los próximos meses nos centramos en buscar opciones para estudiar inglés en un lugar que no sea muy caro, como el Reino Unido, y donde no necesitaramos una visa, como los EEUU. Llegamos a la conclusión que Malta, un país insular del sur de Europa que antiguamente fue parte del Imperio Británico, era la opción perfecta. Tenía buen clima, muchas atracciones turísticas, unas cuantas playas con arena y una vibrante vida nocturna … prácticamente cumplía los deseos de un adolescente. Sonaba muy bien, pero después de contactar con una agencia que organizaba viajes similares, resultó que el precio no era tan conveniente para nuestros padres. 

Mientras tanto, seguí investigando online y encontré una opción muy interesante para estudiar español en Barcelona durante 4 semanas a casi la mitad del precio que habríamos pagado por 2 semanas estudiando inglés en Malta. ¡Definitivamente era un buen negocio! Además, desde pequeña me hacia ilusion aprender español (para ser más exactos, desde que comencé a ver novelas latinoamericanas en la tele con mi mamá y mi abuela, algo común en la cultura rumana en los años 90 y principios de 2000) y visitar Barcelona, ​​el lugar que tanto admiré durante el Campeonato Mundial de Natación que tuvo lugar allí en 2003. 

A mi amiga no le gustó tanto la idea, la razón principal fue porque no sabía nada de español, así que finalmente rechazó la opción. A cambio, yo decidí ir sola…y mis padres estuvieron de acuerdo. Finalmente, acabaron reservando para ellos una semana de vacaciones en Barcelona y así pudimos viajar todos juntos hacia allí. A mi me dejaron en la escuela y nos volvimos a ver otra vez para despedirnos antes de que ellos regresaran a Rumania.  

 

¿Qué pasó durante mi mes en la escuela de idiomas Enforex Barcelona? ¿Qué vi, descubrí y experimenté que me hizo volver a Rumanía una persona diferente? 

 

Todavía recuerdo mi primera semana en la escuela con mi profesor nativo y compañeros extranjeros. Yo era la única estudiante rumana e incluso después de mí no creo que tuvieran demasiados rumanos porque realmente no era una opción popular entre los padres rumanos enviar a sus hijos a estudiar idiomas durante el verano. El coste era bastante alto para las posibilidades de una familia normal y corriente, y también las prioridades eran completamente distintas. Sin embargo, yo si conozco a un rumano que estudió allí en dos ocasiones y realmente lo disfrutó…mi mamá. 

Al principio fui más callada y observadora que mis compañeros de clase, sentía hasta cierta vergüenza al interferir en las conversaciones sin que me dieran permiso, era contra todo lo que nos habían enseñado en la escuela toda la vida. Pero me tenía que soltar, ya que después del test inicial de idioma, me habían asignado en una clase de nivel C1 (Avanzado), donde la conversación, el expresar tus ideas y opiniones, son lo más importante. Y finalmente lo logré. Después de cuatro semanas de curso, me notaba diferente: más habladora y capaz de decir en voz alta lo que creía sobre algo sin tener que preocuparme por las opiniones de otras personas. Era mi opinión y ya no tenía miedo que todos la escucharan. 

Conocí a personas de múltiples edades y nacionalidades, tanto en la escuela como durante mi tiempo libre. Tuve muchos compañeros de Europa, incluso de Islandia, pero también de países como Brasil, China, Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica, países que están realmente lejos de Rumanía, con culturas, mentalidades y formas de afrontar la vida totalmente diferentes. ¡Para mí fue fabuloso! Estaba aprendiendo sobre costumbres y hábitos extranjeros de los nativos. Hablaba inglés con nativos y usaba mis habilidades de francés con franceses, suizos o belgas. Compartí habitación en la residencia de estudiantes con una chica brasileña, que al acabar nuestra convivencia me regaló un par de chanclas Havaianas originales, que había traído de Brasil. 

Aunque pasé la mayoría del tiempo con este interesante y multicultural grupo de amigos y compañeros de clase, he podido a la vez observar y aprender sobre la vida cotidiana en Cataluña. Nuestros profesores eran nativos, si no recuerdo mal eran todos españoles. Los empleados de la escuela también eran nativos, allí sí que había un par de América del Sur, la única excepción eran tres rumanos que no había conocido antes. Los profesores nos enseñaron las diferencias entre el castellano hablado en España y el de las Américas, cómo identificar los diferentes acentos, y compartieron con nosotros muchas cosas sobre sus costumbres durante las clases culturales. Me encantaba salir después de clases y practicar español con los camareros, cajeros y cualquier otro español que tuviera la oportunidad de conocer. 

El estar rodeada de diferentes personas todo el tiempo aumentó mi confianza en mí misma y mi capacidad para tratar con gente nueva. Nunca fui una niña tímida, el estar involucrada en el fenómeno deportivo desde una edad temprana contribuyó mucho a eso. De hecho, pasé toda mi infancia y adolescencia con deportistas, lo que significó hablar mucho, entrenar mucho juntos y apoyarse unos a otros, compartir habitaciones con gente desconocida. Pero, ¿de dónde viene la diferencia? Todos eran rumanos. Expresarse en un idioma diferente, hacerse entender por personas extranjeras, hacer amistad con este grupo internacional fue algo completamente nuevo para mí. Literalmente estaba empujando mis límites. 

¡Me enamoré de Barcelona y sus lugares increíbles! Además de las clases de idiomas, la escuela también estaba organizando diferentes tours culturales y actividades por la ciudad. Así aprendí a bailar Salsa y Bachata, salí de fiesta en las mejores discotecas de Barcelona, ​conocí los edificios de Gaudí con un guía local, incluso llegué a hacer un tour por el interior del complejo modernista Hospital de Sant Pau mientras aún funcionaba como un hospital (cerrado en 2009, ahora funciona como museo y centro cultural). Con ellos visite otros lugares de Cataluña, como Figueres y el Museo Dalí o las playas de Sitges y Empuriabrava. También exploré Barcelona por mi cuenta. Al cabo de una semana de estar en Barcelona, dejé de salir con el mapa de papel de la ciudad (no tenía un smartphone ni Google Maps en 2007) y me deje guiar por mis instintos mientras paseaba por las calles. Así aprendí a usar y confiar en mi GPS interno, una de las principales cosas que sigo hoy durante mis viajes. 

Por todo esto, por toda esta experiencia tan surrealista para mi en ese momento, regresé a Rumanía una persona diferente.

El mes siguiente a la vuelta, fue uno muy difícil para mi. Ya nada me gustaba, me parecía aburrido, supongo que es como volver de la ciudad grande al pueblo cuando sientes que todo te queda pequeño. Mi madre lo noto, se dio cuenta que allí ya no encajaba y que pronto me iré de su lado en busca de nuevos rumbos.  

Echaba tanto de menos Barcelona, ​​quería volver con toda esa gente extranjera, quería ver cómo se siente vivir en el extranjero un periodo más largo de tiempo. Y así nació la idea de hacer mis estudios universitarios fuera del país. A la vez, estaba a punto de empezar mi primer año de universidad en Rumanía y ya no me hacía mucha ilusión. Eso no me impidió seguir con mi plan, solo tuve que tener un poco más de paciencia, ya que al cabo de un año, después de muchos trámites y dolores de cabeza en el proceso, logre hacer el traslado a Barcelona.  

Enforex Barcelona siempre tendrá un lugar especial en mi corazón porque cambió mi vida por completo y me abrió los ojos hacia un mundo inmenso de oportunidades.  

 

 

 

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