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15 de marzo de 2022. Se cumplen ya dos años desde que se ha decretado una pandemia mundial y España ha decidido confinar a su población en sus casas. 

Nadie se imaginaba que iba a durar tanto tiempo. Aquí escribí en detalle cómo pasamos el primer año en este país y también cómo ha sido la experiencia en los aeropuertos durante este tiempo. 

Los primeros meses mantuvimos la esperanza de que iba a llegar el verano y esto se iba a acabar, pero cuando llegó el otoño nos golpeó en plena cara una ola muy fuerte de enfermedad, con unas restricciones bastante serias que duraron ni más ni menos que seis meses.

En el invierno de 2020-2021 se prendio otra vela de esperanza con la aparición de los distintos tipos de vacunas. No quiero ni recordar ya el tema prioridades para vacunarse, esperar tu turno a saber cuanto tiempo, cada país lo gestionó mejor o peor, más rápido o más lento, pero existía una posibilidad para volver a una vida normal y mucho tiempo nos creímos esto. Hasta que de nuevo llegó el otoño-invierno de 2021-2022 y la nueva variante Omicron. 

Vacunados o no vacunados, una dosis o varios, una transmisión mucho más rápida y todos empezaron a enfermar. Otras restricciones importantes, un poco menores que el año anterior por la misma época diría yo, pero la existencia del famoso pasaporte Covid, estado de vacunación, test PCR, antígenos o todos combinados nos han puesto de los nervios en nuestra vida diaria. Enseña el certificado, ahora no lo enseñes, para esto si, para lo otro no, y así todos los días, hasta que algunos decidieron hacer la vacunación obligatoria. Otro drama, manifestaciones, cambios de leyes…y el susto duró bien poco. 

Últimamente los estados están retirando esa obligatoriedad de vacunarse, no que era para nuestro propio bien?…quien sabe ya…hasta ellos mismos están confusos o a lo mejor es que no hacía falta hacerlo obligatorio. Cada vez están cayendo más restricciones, algunos países los han retirado del todo, como los nórdicos y hace unos días también Rumania. Yo sigo esperando con ansias la decisión de España, que como siempre va lenta y no se quiere mojar los pies hasta que no lo haga la mayoría (emoji – mujer con palma en la frente). 

¿Será el final de la pandemia? Realmente no lo sé, espero que sí o que por lo menos adquiera el nivel de una gripe normal y corriente cuanto antes, pero que si sea el final de las restricciones. 

Estamos todos hartos, queremos poder controlar nuestras vidas y el nivel de contacto con la gente sin tener miedo, que este no nos paralice, no nos impida a tener comportamientos normales o que nos lleve a unos comportamientos de los cuales desconocemos por completo sus consecuencias. 

Separarse, distanciarse, rehuir el contacto con los demás humanos no es normal. 

No tocarse, ni besarse, ni abrazarse durante un largo periodo de tiempo no es normal. 

Estar en un estado constante de miedo, ansiedad, peligro no es normal y es muy nocivo.  

Desinfectarse y echarse productos antibacterianos tropecientas veces al día no es normal. 

Confinamiento y restricciones duras para minimizar muertes e infecciones, pero a qué precio? A estas alturas todos sabemos que el aumento de los sentimientos de soledad, estrés y depresión se ha disparado, estamos bien físicamente pero nuestra salud mental se ha visto muy afectada y al ser tan nuevo, nadie tiene claro cómo tratar esto. 

 


 

Para mi este último año ha sido una montaña rusa de emociones. 

Ha empezado muy mal, y cuando digo mal, pues fatal. 

He contado un poco sobre mis sentimientos en la historia de los primeros vuelos en 2021 y luego en el burnout de las emociones. Lo mejor de los primeros meses del año fue volver a viajar y a explorar, sentirme libre un rato, y eso lo logré yendo a Tenerife una semana. 

Las cosas mejoraron bastante en mayo-junio. Volvimos a un nivel de trabajo más normal, teníamos por fin unas metas, aunque el verano ha sido más duro de lo que esperábamos y nos acabó pasando factura con el cansancio y el estrés. También mi vida personal empezó a equilibrarse, a darme paz, a tenerme contenta y feliz. Seguramente lo más importante fue que obtuve el ansiado diagnóstico de mi trastorno digestivo, helicobacter pylori, y pude tomar las medidas adecuadas para mejorar mi vida. 

El otoño me encontró muy tranquila y feliz, con dos vacaciones bien merecidas, una furgoneteando por Portugal (algún día os contaré más sobre cómo es viajar de esta manera) y otra saliendo del continente europeo después de dos años parada, el destino escogido siendo mi Mexico lindo y querido

Y así se acabó el año. Preferí dedicar las últimas semanas de 2021 y las primeras de 2022 a agradecer y disfrutar de la familia, el novio y los amigos maravillosos que tengo, también menos presencia en redes sociales porque sentía que no puedo ni quiero aportar, así que escogí el silencio. 

¡Por un año con más libertad, sin tantas imposiciones externas y menos incertidumbre!


Foto de Miguel Á. Padriñán en Pexels

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