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En el artículo ¿Cómo empecé a viajar? os contaba sobre mis inicios en los viajes nacionales e internacionales, sobre la influencia de mis padres y mis abuelos en ello, sobre los pequeños pasos de independencia que di en varios momentos de mi vida y que ayudaron a convertirme en el viajero que soy ahora. 

 

Me defino como un viajero rebelde, al que no le gusta hacer lo mismo que los demás. 

De pequeña tuve un sentimiento de rechazo hacia el efecto manada, que es básicamente la tendencia de la gente de aceptar como válidos los razonamientos e ideas de la mayoría así sin analizar si son correctas o aceptables para ti. 

Por eso me rebele unas cuantas veces y me empeñe en descubrir el camino adecuado para mi.

De adulta lo sigo haciendo, no es que se me haya pasado el tema, pero con el paso del tiempo he aprendido a ser más diplomática, más sensata en mis acciones y a saber valorar cuando vale la pena rebelarse e ir contracorriente. 

Pero volviendo a los viajes, aquí si vale la pena, porque es mi viaje, mi experiencia y soy yo la que va recordar esos momentos más tarde. 

 

Así que desde siempre organizo mis viajes sola. 

No he usado nunca una agencia de viaje o turoperadores para organizar ningún viaje, ni una escapada de fin de semana, ni mucho menos un viaje largo de varias semanas. 

Hace más de 10-15 años cuando los pagos online no estaban muy desarrollados en Rumania, había que ir si o si a una agencia para comprarse los billetes de avión. Desde que empezamos a usar tarjetas de crédito, nos quitamos eso de encima también. 

Aprecio y valoro a la gente que trabaja en ellas, he conocido gente muy profesional en este sector, pero también gente que no sabe ni se preocupa en responder a tus preguntas o a prepararte para el destino al que vas. 

Hace muchos años, cuando empecé la carrera de turismo en la universidad, quería ser uno de ellos y organizar viajes para los demás, quería explorar destinos y transmitir mi pasión por ello, pero siempre me llamaron más la atención las agencias que hacían viajes a medida y viajes de aventura. Al final, no llegué a ejercerlo porque se cruzó la aviación en mi camino. 

Actualmente los uso para excursiones muy cortas de 1-2 días, en destinos donde es incómodo y tal vez más largo moverse por tu cuenta. No conduzco tampoco, así que no puedo alquilar vehículos. En Centro y Sudamérica he lidiado bastante con agencias locales y he tenido muy buenas experiencias en todas, ha sido más óptimo usarlos en muchas circunstancias. 

 

No me gusta viajar en la misma época que los demás. 

No soy un buen candidato para las agencias clásicas, que venden vacaciones de verano y escapadas en días festivos. 

Por una parte, al trabajar en el sector turístico/aviación, es impensable y contraproductivo tener muchos días libres en nuestra temporada alta. Funcionamos a turnos y nuestros días libres ocurren cualquier día de la semana. 

Por otra parte, me gusta la temporada baja o la de transición, cuando hay menos barullo de gente, precios más reales de los productos y servicios, y cuando realmente se puede disfrutar del destino a tu ritmo. 

 

No voy a ciertos destinos solo porque están de moda. 

En los últimos 15 años, Bulgaria, Grecia y Turquía se han vuelto un destino de verano bastante común para los rumanos. Los servicios son mejores y más baratos que en nuestra costa, no hay que negar que vale la pena. Pero cuanto os pensáis que he estado por allí? He ido unos fin de semana largos en Bulgaria en 2012 y 2013, he visto solo Atena en una escapada de 3 días y he estado en Estambul también unos 3-4 días. No descarto volver, pero reconozco que no me hace especial ilusión ir por allí y escuchar rumano alrededor mío.  

Generalmente, ocurre lo siguiente: deja de interesarme el destino por un tiempo o tal vez ya he estado por esa zona. 

Eso me pasó con Dubai. Cuando yo me fui, era un destino wow y bastante inaccesible por tu cuenta, te hacía falta una agencia de viajes para gestionar el paquete y el visado de turista. Más tarde se puso de moda en Rumania, en ese momento ya se habían reemplazado con visados a la llegada y eso te daba la libertad de ir como tú querías. Pero no hace mucho yo había vuelto después de haber vivido y trabajado allí unos siete meses. 

 

Los viajes tienen que ser lo que yo necesito en ese momento de mi vida. 

Eso es uno de los motivos por los cuales me gusta organizarlo todo y no dejar mi viaje en manos de otros. 

Solo yo sé si todavía me apetece visitar muchas atracciones turísticas o prefiero quedarme tomando algo 2-3 horas en una cafetería y observar a la gente. Nadie me apura y me enseña el reloj, como a veces pasa con los tours organizados, ni tengo que ver cuatro museos porque así estaba planificado si a mi me apetece acabar con la experiencia después del segundo. 

Puedo improvisar, cambiar de plan, de destino y de tipo de viaje, incluso cancelarlo si ya no me sale hacerlo. La flexibilidad de los billetes de staff que tengo al trabajar en una aerolínea desde hace unos años me permite mucho hacer esto. Y está genial, encaja conmigo a la perfección.   

Además, nadie más que yo sabe lo que necesito de mi viaje y de mi tiempo libre. 

 


Me gusta mucho viajar, es un microbio que cogí de pequeña y que ya no se curro. 

Y me gusta hacer las cosas a mi manera. 

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